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2.1.- Las Telealarmas. Las telealarmas o servicio telefónico de emergencia constituyen uno de los recursos complementarios del SAD más conocidos por haber sido difundido ampliamente a través de los medios de comunicación social, no sólo por iniciativa de las instituciones, sino también de las empresas privadas que prestan el servicio directamente a los particulares. Aquí nos referiremos al servicio prestado por entidades públicas, generalmente ayuntamientos y gobiernos autonómicos, que suelen hacerlo contratando, al menos una parte del mismo con empresas privadas. Aunque existen distintos sistemas de prestación, no nos referimos a ninguno de ellos en concreto, sino a las posibilidades que ofrecen en su conjunto. Este servicio se implantó en España a mediados de los 80 con carácter experimental y hoy se presta en las grandes ciudades y también en muchas más pequeñas. Las telealarmas surgen ante la sensación de inseguridad que padecen personas ancianas y discapacitadas que viven solas y con escaso apoyo social, lo que las lleva a solicitar el ingreso en residencia o un número de horas de prestación del SAD que resulta inviable por su elevado coste económico. Con las telealarmas se busca ofrecer a estas personas una mayor seguridad, facilitándose un modo sumamente sencillo de solicitar y recibir ayuda en caso de emergencia, lo que les permite vivir durante más tiempo de manera autónoma en sus domicilios. Algunos sistemas permiten también realizar funciones de control de entorno, como abrir la puerta, conectar o desconectar el alumbrado, activar el funcionamiento de una unidad de oxígeno, etcétera. El servicio de telealarma se concede prioritariamente a usuarios del SAD, con los que las características de ambos grupos de sujetos son casi totalmente coincidentes, es decir, el grupo más importante está constituido por ancianos que viven solos y con escasos ingresos, seguidos de los discapacitados en las mismas condiciones. El equipamiento en los hogares consiste en un medallón portátil con pulsador y un aparato central con altavoz y dos pulsadores que ha de conectarse a la línea telefónica. Algunos sistemas no necesitan que exista un teléfono en la vivienda, sino simplemente que pueda conectarse a una línea próxima, lo que reduce los costes y permite una mayor rapidez en la instalación si el usuario no dispone ya de teléfono. El pulsador emite una señal de radiofrecuencia que pone en funcionamiento la unidad central que efectúa la comunicación con el centro de emergencias. A estar las llamadas codificadas el usuario resulta inmediatamente identificado. El sistema de respuesta más frecuente cuenta con expedientes personales en los que se indican las prioridades de cada uno de los casos (policía, familiares, ambulancia), la localización de las llaves del domicilio y otros datos de interés. La persona que recibe las llamadas intenta comunicar con el usuario, para lo cual no es necesario que éste realice ninguna maniobra, ni siquiera que éste cerca del aparato. Si la comunicación es posible se interviene en función del contenido de la misma, si no lo es, a la vista de las prioridades registradas se avisa a la ambulancia, policía, etcétera, y se permanece a la escucha hasta que alguna de dichas asistencias acude al domicilio del usuario y comunica que la emergencia ha sido atendida. En algunos sistemas la alarma permanece activada hasta que es desconectada por las asistencias. Otro mecanismo de seguridad consiste en llamadas periódicas de seguridad por parte del usuario; si éstas no se producen se pone en marcha el sistema de emergencia. Para facilitar la comunicación algunos equipos tienen en su unidad central un botón verde que permite comunicar sin necesidad de marcar ni utilizar auricular con un número prefijado, generalmente un amigo o un familiar, lo que resulta especialmente útil para las personas que tienen poca facilidad para utilizar el teléfono. Las averías y fallos en el suministro de energía eléctrica también están previstos. La unidad central dispone de una batería para el suministro de energía en caso de caída de la tensión exterior. Su puesta en marcha se comunica al centro de recepción para que se tomen las medidas oportunas en el caso de que el tiempo del coste de suministro sea superior a la duración de la batería. Otras averías son comunicadas automáticamente al centro de recepción, sin que el usuario tenga conocimiento de ellas. Los costes del servicio pueden variar en función de las prestaciones que ofrezca y de otros factores. Las principales dificultades surgen a la hora de su utilización por parte de los usuarios. Superado el obstáculo de su aceptación, aparecen los del manejo. Un problema frecuente es que los usuarios tengan el medallón-pulsador cuidadosamente guardado en un armario en lugar del llevarlo colgado al cuello, atado a la muñeca o en el bolsillo, con lo que cuando ocurre una emergencia les suele resultar difícil acceder a él. Para solucionar estas y otras dificultades derivadas del manejo, es necesaria la colaboración del personal de atención directa para entrenar a los usuarios en la utilización del aparato. Aunque no directamente relacionados con el SAD, existen otros servicios de ayuda telefónica que también pueden ser de utilidad a los usuarios ante una emergencia; para obtener información, especialmente si existen dificultades para el desplazamiento; o para lograr apoyo ante problemas emocionales, personales,...
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